Las casas de campo invitan a convivir grandes y pequeños, a compartir, a explorar y a divertirte mucho. Sin embargo al estar en contacto con la naturaleza también es más probable que te encuentres con bichos con los que no sueles tener contacto.
Y quiero decirles que nosotros no fuimos la excepción y voy a contarles nuestra historia con el o los ciempiés, aún no sabemos con certeza. Era ya de noche y todos los pequeños estaban ya en sus respectivas camas y cabe mencionar que algún adulto se nos había adelantado.
Nosotros todavía teníamos algo de pila así que nos quedamos en la sala a platicar, éramos cuatro hombres y cuatro mujeres. La plática estaba muy amena cuando de repente vimos como un ciempiés caminaba justo en la cornisa de la puerta de una de las habitaciones.
Nos quedamos primero unos segundos sin hacer nada y después comenzamos a ver como lo podíamos bajar. Debido a que no les tengo especial terror a los insectos me ofrecí de voluntaria y me pare en una silla con un papel en la mano para tirarlo al piso y después pisarlo.
Alguien sugirió meterlo en un bote y yo estaba esperando el mismo, parada en la silla viendo como caminaba lentamente el ciempiés, cuando alguien más se me adelanto y lo tiro al piso. En el instante me baje y con mi bota lo pise. No contaba con que estaba más fuerte de lo que yo pensaba y solo le hice daño y desapareció.
Entre los gritos y la confusión nadie vio hacia donde se fue. Volteamos nuestros ojos a la puerta de la habitación y había espacio suficiente para que el ciempiés se pudiera meter caminando por el piso. En ese instante nos entró el terror porque ahí estaban durmiendo dos niños y los papás era una de las parejas que estaba en la plática nocturna.
Lo primero que hice fue ir por mi linterna y buscamos en cada esquina que pudimos encontrar, debajo de las camas, debajo de las cosas y nada. Regresamos a sentarnos a la sala y seguimos platicando. La duda principal era si serían o no venenosos, a lo cual nadie tuvimos la respuesta.
Unos minutos después mi amiga se para de un brinco del sofá y le dice a la otra, ahí está el ciempiés. No les puede explicar la cara de terror y los gritos de todo el mundo, ahora si no nos importó, ni nos acordamos que no queríamos despertar a 6 niños que estaban dormidos en la casa.
Pasaron los brincos y los gritos y la verdad nadie le creímos a Anne que el ciempiés estaba ahí. Me ofrecí una vez más, por falta de voluntarios, a revisar el sofá. Fui quitando uno a uno los cojines y nada, solo quedaba uno pero esta vez sí espere a que me trajeran el bote de yogurt.
Levante el cojín del sofá y ahí estaba el ciempiés haciéndose rosca, los gritos comenzaron y aunque no tenía miedo también me contagie de las ansias. No me pasaban el bote y ya que me lo pasaron, no me pasaban la tapa. Total conseguí meterlo, taparlo y después nos pusimos a deliberar donde dejar el bote para que nadie lo abriera y se llevará una sorpresa, sobre todo un niño.
Después de dejarlo en el lugar elegido y de asegurarnos que no pudiera salir comenzamos a deliberar si era el mismo o era otro diferente. Para la tranquilidad mental de todos yo opte por que fuera el mismo y nos subimos a nuestra habitación a dormir, tranquila pero con el corazón apachurrado por los que iban a dormir en la habitación con la duda de si tenían o no un bicho en su cuarto y sus niños durmiendo justo ahí.
Al día siguiente como nos reímos de la anécdota y de cómo reaccionamos todos. Preguntamos a los locales y nos dijeron que si pican pero que no son venenosos. Con esa información pasamos el fin de semana tranquilo, pero ahora que veo la información en Internet me encuentro con que son venenosos.
Nos divertimos mucho con la aventura y así es el contacto con la naturaleza. Hay que disfrutarla pero estar preparados para reaccionar y ante cualquier piquete, mejor acudan al médico.
Por si o por no, les puedo decir lo siguiente en base a mi experiencia:
- El ciempiés en la pared se mueve más lento que en el piso, una vez en el piso se mueve muy rápido.
- Usen botas si lo intentan pisar y háganlo muy fuerte o con el tacón para que no se te escape como a mí.
- Es relativamente sencillo meterlo en un bote, pero ten mucha precaución, no quiero que nadie investigue si es o no venenoso con una picadura.
En fin, esta fue nuestra aventura con un ciempiés y agradezco que los niños hayan estado dormidos. ¿Han tendido ustedes alguna experiencia parecida en una casa de campo?















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